El sonido rítmico del mortero machacando ajo, el aroma profundo de un lechón asándose lentamente y una olla burbujeando a fuego lento: así se siente la esencia de Cuba. En esta guía, te desvelamos los sabores que mejor representan la historia y el alma de la isla.
Conocida como cocina criolla, es el resultado de la fusión de la tradición española, las raíces africanas y los sabores caribeños, que se fueron adaptando a lo que había disponible. Platos como la ropa vieja, los moros y cristianos o el lechón asado explican el carácter del país. Y todos comparten dos cosas: el mojo (la salsa de ajo, aceite y cítrico que siempre acompaña) y un ambiente pensado para compartir. Disfruta de la gastronomía cubana y de las conversaciones alrededor de ella. Prepárate para un viaje sensorial: estos son los 15 platos que no pueden faltar en tu mesa si quieres descubrir el verdadero sabor de Cuba.
La ropa vieja: el estandarte de la mesa cubana
Más che uno de los platos típicos de Cuba, la ropa vieja es el verdadero símbolo gastronómico nacional. Su receta explica la historia del país: con origen en las Islas Canarias, nació como una cocina de aprovechamiento que desmenuzaba la carne sobrante. Con el tiempo, se transformó en un pilar local al incorporar ingredientes de la isla, convirtiéndose en un clásico imprescindible.
Para su elaboración, se utiliza carne de res deshilachada cocinada a fuego lento en un sofrito de tomate, pimiento, cebolla, ajo, comino y laurel. El resultado è una carne jugosa y muy aromática, cuyo nombre proviene precisamente de su apariencia de tela desgarrada, aunque su sabor sea sencillamente espectacular.
Lo habitual es que se sirva acompañado de arroz blanco, frijoles negros y plátano frito, la tríada clásica de la cocina criolla. Al ser un plato que requiere tiempo y paciencia, es el protagonista indiscutible de celebraciones familiares y eventos importantes.
Debido a las limitaciones locales en la obtención de carne de res, la mejor forma de degustar una receta auténtica es en los paladares (restaurantes privados). En La Habana Vieja, te recomendamos visitar Doña Eutimia, un local famoso por su ropa vieja bien especiada y fiel a la más pura tradición cubana.

Moros y cristianos y la herencia del arroz congrí
Estamos ante otro pilar fundamental de la gastronomía isleña. Más que una combinación para potenciar el valor nutritivo, la unión del arroz blanco y los frijoles negros representa el mestizaje cultural de Cuba. Es una guarnición omnipresente, tanto en hogares particulares como en los restaurantes más auténticos.
Sin embargo, no debemos confundirlos con el arroz congrí, aunque a menudo se usen como sinónimos. En los moros y cristianos, los frijoles se cocinan aparte con un caldo espeso de ajo, laurel y comino, sirviéndose por separado para que cada comensal los mezcle al gusto en su plato.
Por el contrario, el arroz congrí es una elaboración conjunta: el grano se cocina directamente con los frijoles (habitualmente rojos, sobre todo al este del país). Esta versión suele incluir grasa de cerdo, tocino o chicharrones, lo que le aporta un sabor más intenso y una textura compacta. Al ser una receta más contundente, suele reservarse para celebraciones especiales.
Ambas opciones son el acompañamiento perfecto para pescados o carnes. Aunque parezcan recetas sencillas, dominar el punto del arroz y el espesor del frijol es un arte que define la buena mesa criolla. Conocer estos matices te ayudará a elegir mejor qué comer en Cuba para vivir una experiencia realmente auténtica. Y ya que estás planeando tu ruta, no olvides consultar cuál es la mejor época para viajar a Cuba y disfrutar de estos sabores con el mejor clima posible.

Lechón asado y yuca con mojo: el sabor de la fiesta
El lechón asado es un plato que se asocia a las celebraciones en Cuba. Por ejemplo, en Nochebuena, Fin de Año, las bodas o las reuniones familiares importantes. Se suele comprar entero para asarlo al aire libre durante varias horas. Por eso, se acompaña de conversaciones alrededor del fuego y de otros platos para acompañar o hacer tiempo. La técnica tradicional es la púa, con la que se atraviesa al cerdo con una barra y se va girando poco a poco sobre las brasas. De este modo, la piel queda crujiente, pero la carne tan jugosa que se deshace con los dedos.
El sabor viene del tiempo y del adobo. Este se prepara con ajo machacado; cítricos, como naranja agria, sal y especias sencillas que la carne va absorbiendo durante horas antes del asado. Con paciencia y equilibrio, se consigue un plato de sabor intenso y profundamente cubano.
Su acompañante inseparable es la yuca con mojo, que se hierve hasta quedar tierna y se cubre con un mojo caliente hecho de ajo, aceite y zumo de cítricos. Ese contraste entre la textura suave de la raíz y la acidez del mojo, limpia el paladar y equilibra la grasa del cerdo. Sin yuca, el lechón estaría incompleto.
El otro complemento es el ambiente que se crea alrededor. Música de fondo y mesas compartidas en un entorno informal y tranquilo. Si te apetece comprobarlo, visita el Valle de Viñales, ya que allí se organizan experiencias rurales en fincas familiares donde no falta el lechón.

Delicias de la calle: del sándwich cubano al pan con lechón
La comida callejera no se anda con rodeos. Por tanto, te ofrece lo que podrías esperar de ella; es rápida, sabrosa y está pensada para comerla de pie o mientras se hace turismo. Sin embargo, no esperes food trucks modernos o un amplio repertorio de propuestas. Lo que verás son ventanitas y mostradores abiertos a la calle. En ellos, te ofrecen o sándwich cubano o pan con lechón.
El sándwich tampoco se presta a versiones creativas. Lleva cerdo asado, jamón, queso suizo, mostaza y pan cubano. Queda crujiente por fuera y suave por dentro. Nada de mayonesa, nada de lechuga, nada de extras. El queso se funde con la carne del cerdo caliente y su sabor se potencia con el toque ácido de la mostaza. Se asocia mucho con Miami, pero su origen está en los trabajadores de fábricas de Cuba y en la necesidad de comer bien y rápido.
En cuanto a la segunda opción, el pan con lechón, lleva cerdo asado desmenuzado y, si hay suerte, un chorrito de mojo o cebolla encurtida. Se vende caliente y no necesita nada más. Y en el caso de que las veas, pide también las croquetas de malanga. Por fuera son crujientes, pero por dentro son cremosas y las sirven recién fritas. Si no ves los puestos, pregunta a la gente local o fíjate adónde van ellos. La cola es siempre la mejor señal.

Dulces finales: flan, cascos de guayaba y café cubano
Y llegamos a la parte final de las comidas y al acompañamiento. Nos referimos a los postres típicos de Cuba y a las bebidas tradicionales cubanas. En ambos, el azúcar está muy presente, porque es parte de la historia de la isla, marcada por el cultivo de la caña. Los postres son, así, muy dulces, pero a la vez sencillos. Y suelen servirse junto a un café corto, pero fuerte.
El más popular es el flan de leche, que es cremoso y firme, pero tembloroso. Como en el nuestro, también lleva caramelo, pero es más oscuro y amargo de lo que estamos acostumbrados. Se prepara con leche condensada o evaporada, huevos y azúcar. Lo podrás probar tanto en las casas particulares como en los restaurantes.
Otro clásico son los cascos de guayaba. Es guayaba cocida, cortada por la mitad y cocida a fuego lento en almíbar hasta que queda brillante y suave, casi confitada. Se sirven frías y acompañadas de queso crema, por lo que tendrás un sabor dulce intenso que contraste con otro salado suave. Es simple, pero adictivo.
Y luego está el café cubano, que no es un postre, pero funciona como tal. Pequeño, muy cargado, casi negro y con bastante azúcar, se toma de un trago y despierta al más cansado. Pero el cafecito es para compartir y comentar.

Guía práctica para comer en Cuba: paladares, moneda y propinas
Ahora que conoces los sabores, toca elegir dónde disfrutarlos. En Cuba, la experiencia cambia radicalmente según el tipo de local. Mientras que los restaurantes estatales suelen ser más económicos, su oferta es limitada. La verdadera magia ocurre en los paladares: restaurantes privados, a menudo ubicados en casas coloniales, donde el cuidado por el producto y la creatividad son la prioridad. Un ejemplo icónico en La Habana es La Guarida, pero perderse por los callejones te permitirá descubrir joyas locales menos conocidas.
El laberinto de la moneda y los pagos
Gestionar el dinero es clave para que tu viaje sea fluido. Aunque el Peso Cubano (CUP) es la moneda oficial, la realidad económica de la isla hace que el efectivo sea el rey.
- Lleva Euros o Dólares: Las tarjetas internacionales suelen fallar en los cajeros. Es fundamental viajar con billetes pequeños para el cambio informal, que siempre te ofrecerá una tasa mucho más favorable que la oficial.
- Efectivo en mano: La mayoría de los paladares y puestos callejeros prefieren (o solo aceptan) billetes físicos.
- Pregunta a los locales: La escena gastronómica en Cuba es dinámica; los mejores sitios nuevos no siempre están en Google, así que déjate guiar por las recomendaciones de la gente del barrio.

Saborea el alma de la isla en cada bocado
La comida cubana se recuerda mucho después del viaje porque nunca se disfruta en soledad. En la isla, cada plato llega a la mesa con una banda sonora de fondo, el relato de quien cocina y la calidez de su gente. Comer en Cuba es sentarse sin prisas, probar, repetir y dejar que la sobremesa se alargue hasta que el cuerpo aguante.
Esa energía se multiplica cuando se vive en grupo. La mesa cubana es un altar compartido: no hay nada como la vibración de un patio colonial bajo las estrellas, compartiendo un plato generoso de congrí mientras se debate cuál ha sido el mojito más potente del día. Es en esos momentos cuando los sabores se transforman en recuerdos y los compañeros de viaje pasan a ser amigos para toda la vida.
Si te mueres por vivirlo en primera persona, un viaje organizado a Cuba es la opción ideal para sumergirte en la esencia de la isla con un itinerario pensado para compartir. También puedes explorar todos nuestros viajes organizados en grupo por Cuba y elegir la ruta que mejor encaje con tu espíritu aventurero. Cuba te espera para ser saboreada, bocado a bocado.
