Comida islandesa: guía completa con los 10 platos más auténticos (y curiosos) del país

Comida islandesa: guía completa con los 10 platos más auténticos (y curiosos) del país

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14 enero

Publicado el 14 enero 2026
Última actualización: 14 enero 2026

La comida islandesa arrastra una fama un poco injusta. Sí, el tiburón fermentado existe y es una de las pruebas de valor gastronómicas más famosas del país, pero Islandia es mucho más que eso. Su cocina nace de la supervivencia en climas extremos, pero también de productos sorprendentemente frescos y de platos reconfortantes que sientan de maravilla después de un día de viento, lluvia y paisajes volcánicos.

Aquí manda la geografía: suelos volcánicos, inviernos largos y aislamiento impulsaron técnicas como el secado, el ahumado o la fermentación. Y aunque hoy la escena gastronómica sea más moderna, esas tradiciones siguen marcando el carácter de la cocina islandesa: sabores directos, ingredientes claros y recetas que no se complican. Skyr, Hákarl, Pylsur y Kjötsúpa son algunos nombres clave. Si quieres saber qué son (y cuáles merecen la pena), sigue leyendo.

Sándwich fresco de pan pita relleno de ensalada, servido con patatas fritas y limón.

La base de la cocina vikinga: cordero, pescado y conservación

La gastronomía tradicional islandesa es hija de un territorio duro, aislado y volcánico. Durante siglos, la prioridad fue aguantar el invierno: de ahí que los pilares de su cocina sean el cordero, el pescado y el arte de conservar lo que había. Hoy muchas recetas se han actualizado, pero la esencia sigue intacta: ingredientes honestos y técnicas que nacieron por necesidad.

Cordero islandés: un sabor único

El cordero islandés es famoso por su sabor limpio y aromático, y no es casualidad. Las ovejas pastan libres en montañas y valles, alimentándose de hierbas silvestres, musgo y líquenes. Esa dieta natural se nota: es una carne más fina, ligeramente dulce y muy apreciada.

Un plato que resume esa tradición es el hangikjöt, cordero ahumado típico (sobre todo en Navidad), que recuerda cuánto influyó el ahumado con madera de abedul en la vida rural. Si quieres probar una versión más “especial”, en Reykjavík hay restaurantes como Grillmarkaðurinn, donde los platos suelen rondar los 40–55 € (6.000–8.000 ISK).

Pescado: frescura del Atlántico Norte

El otro protagonista indiscutible es el pescado. En muchos pueblos costeros es tan fresco que se captura por la mañana y se sirve pocas horas después. Bacalao y salmón son los más populares, pero también verás eglefino, trucha ártica y pescados curados.

Si buscas algo informal y relativamente “amable” con el presupuesto, los locales de fish & chips en zonas de puerto suelen funcionar bien (por ejemplo, Fish and Chips Vagninn). El precio suele estar entre 18–25 € y la calidad suele ser muy buena.

Y ojo: la estacionalidad influye. Por ejemplo, el mejor momento para encontrar cordero joven suele ser el otoño. Si todavía estás eligiendo fechas, conviene cruzar esto con el clima: aquí te contamos cuál es la mejor época para viajar a Islandia.

El famoso Hákarl: ¿Te atreves con el tiburón fermentado?

Si hay una “rareza” gastronómica que se ha convertido en icono, es el Hákarl: tiburón fermentado (normalmente de tiburón de Groenlandia). Como su carne no se puede consumir fresca, la solución tradicional fue fermentarla durante meses y después secarla. Nació por pura necesidad y hoy es una de las degustaciones más famosas del país.

Su olor es intenso —sí, con ese toque evidente a amoníaco— y el sabor también es fuerte, aunque algo más matizado de lo que imaginas. Por eso suele acompañarse con un trago de Brennivín, el licor local, como una especie de mini ritual cultural.

Si quieres probarlo en un entorno auténtico, el Bjarnarhöfn Shark Museum (península de Snæfellsnes) es una opción muy completa: puedes ver el proceso y probar una muestra por unos 10–12 €. En Reykjavík, una alternativa más rápida es el Kolaportið Flea Market, donde suelen vender pequeñas porciones por 5–8 €, perfectas para compartir.

Comida callejera esencial: Pylsur, el hotdog islandés más famoso

La pylsa (o pylsur, en plural) es el gran clásico de la comida callejera islandesa. Es un perrito caliente, sí, pero con personalidad propia: se prepara con una mezcla que suele incluir cordero (y a veces otras carnes), y eso le da un sabor más profundo y ligeramente ahumado.

El pedido “correcto” es “eina með öllu” (“uno con todo”): cebolla cruda, cebolla frita crujiente, mostaza dulce (pylsusinnep) y una remoulade cremosa. Es rápido, caliente y perfecto para un día frío después de cascadas, géiseres y viento.

El puesto más famoso es Bæjarins Beztu Pylsur. Un hotdog suele costar 650–700 ISK (aprox. 4,50–5 €). También los encontrarás en gasolineras N1 u Olís: muy prácticos si estás haciendo ruta por la Ring Road.

Primer plano de un Pylsur, el emblemático perrito caliente islandés, cubierto con queso fundido y condimentos.

Platos reconfortantes: Kjötsúpa y Plokkfiskur

Cuando el cuerpo pide algo más contundente que un snack rápido, Islandia responde con platos de cuchara y guisos sencillos. Dos imprescindibles del recetario “de casa” son la Kjötsúpa y el Plokkfiskur.

Kjötsúpa: la sopa de cordero tradicional

La kjötsúpa es la sopa de cordero de toda la vida: humilde, caliente y eficaz. Suele llevar cordero, patatas, zanahoria, nabo y hierbas. No busca impresionar: busca reconfortar. En Reykjavík, un lugar popular y con buen precio es Icelandic Street Food. El bol ronda los 2.400 ISK (aprox. 16 €) y a veces ofrecen reposición.

Bol de sopa espesa (Kjötsúpa) relleno de zanahorias, patatas y trozos de carne sobre un fondo rústico de madera.

Plokkfiskur: el guiso de pescado cremoso

El plokkfiskur es “comfort food” marinero: pescado desmenuzado (bacalao o eglefino), patata, cebolla y una bechamel ligera. Es el tipo de plato que encaja perfecto después de una jornada de frío. Para probarlo en un sitio clásico, Café Loki (frente a Hallgrímskirkja) suele servirlo con pan de centeno ligeramente dulce. Los precios rondan los 3.200 ISK (aprox. 22 €).

El pan de los volcanes y snacks imprescindibles

Islandia es conocida por sus géiseres, pero esta no es la única forma de sentir el calor de la Tierra. Su pan horneado es otra vía posible. Es uno de los alimentos más auténticos y curiosos del país, y distan bastante del nuestro. Otro snack muy interesante es el harðfiskur, de pescado seco.

Rúgbrauð: el pan de centeno geotérmico

Antes de que llegaran los hornos modernos, las comunidades locales aprovechaban la actividad volcánica para cocinar. Así nació el rúgbrauð, un pan de centeno muy denso, ligeramente dulce y sin corteza. Se prepara metiendo una olla sellada bajo tierra junto a una fuente termal durante casi 24 horas. Es decir, se cocina con energía geotérmica.

En cuanto a la textura, es compacta. Por eso, va muy bien con mantequilla para untar o como acompañamiento de sopas y platos de pescado. Si quieres ver el proceso tradicional y desenterrar tu propio pan caliente, hay un tour en Laugarvatn Fontana. Cuesta entre 20 y 25€ y es una experiencia muy islandesa. Si prefieres simplemente comprarlo, pásate por Brauð & Co en Reykjavík, donde un pan ronda los 6€.

Harðfiskur: el jerky de pescado seco

El segundo imprescindible es el harðfiskur. Es pescado seco convertido en una especie de “jerky” islandés. Se prepara sobre todo con bacalao o abadejo. Se expone al viento frío y seco del Atlántico Norte hasta que adquiere una textura rígida, pero ligera. Se come rompiéndolo en láminas y, si quieres hacerlo como los locales, con un poco de mantequilla encima.

Para evitar precios inflados, la mejor opción es comprarlo en supermercados Bónus. En ellos, una bolsa cuesta alrededor de 1.500 ISK o 10€. Es un snack rico en proteínas, así que si te preguntabas qué comer en las rutas por el país, ya tienes la respuesta.

Hardfiskur: Pescado blanco seco de Islandia colgado para su secado tradicional.

Dulces y lácteos: la obsesión por el Skyr y el regaliz

La repostería islandesa no es el plato fuerte del país, pero hay dos obsesiones que sí merecen un hueco: el skyr y el lakkrís (regaliz), presente en chocolates y snacks.

Skyr: el clásico islandés alto en proteínas

El Skyr es un queso fresco muy espeso que a menudo se confunde con yogur. Tiene más proteínas, menos grasa y un sabor más suave. Se consume desde la época vikinga y hoy es prácticamente un alimento nacional. Los islandeses lo toman en desayunos, postres o como snack rápido. Para evitar pagar de más, cómpralo en Bónus; allí cuesta entre 250 y 300 ISK (menos de 2€). Es mucho mejor opción que los buffets de hotel, donde sirven versiones industriales más aguadas y sin personalidad.

Bol de skyr (yogur) islandés con arándanos frescos y granola.

Kleina y Lakkrís

La kleina es un dulce frito con forma retorcida, parecido a un doughnut menos azucarado. La encontrarás en panaderías y también en gasolineras. Si quieres una buena versión en Reykjavík, Sandholt suele ser una apuesta segura. Suelen costar 500–600 ISK (aprox. 4 €).

Y luego está el lakkrís: el regaliz islandés, a menudo mezclado con chocolate, caramelo o sal. Es de esos sabores que o te enamoran o te espantan, pero probarlo forma parte de entender el país.

Consejos para comer en Islandia: precios y supermercados

Islandia no es barata, y se nota especialmente en restaurantes: un plato principal suele rondar los 30–50 €. La mejor estrategia es combinar comidas fuera con opciones inteligentes.

Para ahorrar sin renunciar a comer bien, tira de supermercados: Bónus (el del cerdito rosa) y Krónan son los dos aliados clásicos. Allí encontrarás skyr, fruta, pan, sándwiches y comidas preparadas bastante decentes. En cambio, 10-11 es cómodo, pero suele ser más caro: mejor dejarlo para emergencias.

Si quieres tomarte algo en Reykjavík sin dejarte medio presupuesto, la app “Appy Hour” ayuda a encontrar happy hours y descuentos en bebidas. Y regla de oro: no compres agua embotellada. El agua del grifo en Islandia es excelente.

Saborea Islandia en tu próxima aventura

La cocina islandesa sorprende porque es más fresca, directa y reconfortante de lo que muchos esperan. En un país de frío y viento, una sopa caliente, un guiso de pescado o una rebanada de rúgbrauð tienen todo el sentido del mundo. La gastronomía aquí no es solo un extra: es parte del viaje.

Y si te apetece vivir Islandia con más anécdotas compartidas —entre carreteras infinitas, cascadas y cenas que terminan con skyr y risas—, puedes unirte a un viaje en grupo a Islandia y ver la Aurora Boreal o explorar todos nuestros itinerarios organizados por la isla del hielo para elegir el que mejor encaje con tu estilo.

Grupo de viajeros weroad delante de una cascada de islandia tapándose la cara con el brazo
Team WeRoad
Scritto da Team WeRoad